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Tengo una convicción, un sueño por cumplir.

Tengo una convicción, unas profundas ganas entre pecho y espalda de expresar mi sentir, el sentir democrático de un muchachito que votará en presidenciales por primera vez, que lee noticias de política con la misma avidez con que, hace no muchos años atrás, veía muñecos en la televisión y jugaba por canicas. Pero el asunto no es nuevo, esto de informarse sobre la realidad nacional, sobre conocer cómo funcionan y como se hacen las cosas es un interés viejo, uno promovido pobremente por nuestra sociedad, donde tan populares se hacen el “no pregunte”,” no hable muy duro porque no sabe quien lo escucha” y “las cosas siempre se han hecho así”, el afán de mejoramiento y la ideas, esas de una Colombia mejor, se ven mutiladas y con sus alas cortadas aun cuando ni si quiera han levantado vuelo. Tal vez por eso y por hastío, por un rechazo tan ampliamente fomentado es que la población colombiana rechaza los temas de política, con la máxima de que” eso es igual si al final todos roban”, resignado...

Del periódico dominguero

Algo así como un año habrá pasado, desde el día en que me sentía indignado por el cambio de imagen del periódico que siempre ha tenido tradición en mi casa, un año desde que en un salón de clase hablábamos sobre lo malo de el cambio de formato, de la mutación y aparente involución que había sufrido El País, un diario caleño por excelencia y que en la capital del Valle le quita lectores a el Tiempo o El espectador, tan bogotanos. Un diseño que se antojaba moderno y colorido, lleno de imagines y lectura fácil, quizá demasiado fácil, banal y sin profundidad, mereciendo ser hojeado y con nada más interesante que los llamativos titulares, así el País había entrado en esa moda detestable de lo ligero de lo "light" en un mundo que cada vez le huye más a lo complejo o a lo medianamente profundo, más en una ciudad que tan mal acostumbrada está a tener aversión por las letras a leer de mala gana y sin gusto. Fue así como desapareció un día La Gaceta y las caricaturas de Quino fueron tr...

El hambre

Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra, borrado sea tu nombre de la faz de la tierra. Tú que arrojaste al círculo del horizonte abierto la alta proa del viking, las lanzas del desierto. En la Torre del Hambre de Ugolino de Pisa tienes tu monumento y en la estrofa concisa que nos deja entrever (sólo entrever) los días últimos y en la sombra que cae las agonías. Tú que de sus pinares haces que surja el lobo y que guiaste la mano de Jean Valjean al robo. Una de tus imágenes es aquel silencioso dios que devora el orbe sin ira y sin reposo, el tiempo. Hay otra diosa de tiniebla y de osambre; su lecho es la vigilia y su pan es el hambre. Tú que a Chatterton diste la muerte en la bohardilla entre los falsos códices y la luna amarilla. Tú que entre el nacimiento del hombre y su agonía pides en la oración el pan de cada día. Tú cuya lenta espada roe generaciones y sobre los testuces lanzas a los leones. Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra, borrado sea tu nombre de la faz de la ...

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, lámparas y la línea de Durero, las nueve cifras y el cambiante cero, debo fingir que existen esas cosas. Debo fingir que en el pasado fueron Persépolis y Roma y que una arena sutil midió la suerte de la almena que los siglos de hierro deshicieron. Debo fingir las armas y la pira de la epopeya y los pesados mares que roen de la tierra los pilares. Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres. Tú, mi desventura y mi ventura, inagotable y pura. Jorge Luis Borges

Ajedrez

I En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en que se odian dos colores. Adentro irradian mágicos rigores las formas: torre homérica, ligero caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores. Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito. En el Oriente se encendió esta guerra cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito. II Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada reina, torre directa y peón ladino sobre lo negro y blanco del camino buscan y libran su batalla armada. No saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada. También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero de negras noches y blancos días. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y ti...

De que nada se sabe

La luna ignora que es tranquila y clara y ni siquiera sabe que es la luna; la arena, que es la arena. No habrá una cosa que sepa que su forma es rara. Las piezas de marfil son tan ajenas al abstracto ajedrez como la mano que las rige. Quizá el destino humano de breves dichas y de largas penas es instrumento de otro. Lo ignoramos; darle nombre de Dios no nos ayuda. Vanos también son el temor, la duda y la trunca plegaria que iniciamos. ¿Qué arco habrá arrojado esta saeta que soy? ¿Qué cumbre puede ser la meta? Jorge Luis Borges

Nuevo estilo ¿?

Quiero darle a este espacio la vida que no ha tenido nunca, la vida que quiza nunca tendrá. Con sinceridad no sé que escribir acá, últimamente no sé que escribir, de manera que prefiero publicar escritos ajenos pero de mi agrado. ¿Cómo va a ser tu día hoy? Esta mañana desperté emocionado con todas las cosas que tengo que hacer antes que el reloj sonara. Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante. Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener. Hoy puedo quejarme porque el día esta lluvioso o puedo dar gracias a Dios porque las plantas están siendo regadas. Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero o puedo estar contento que mis finanzas me empujan a planear mis compras con inteligencia. Hoy puedo quejarme de mi salud o puedo regocijarme de que estoy vivo. Hoy puedo lamentarme de todo lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido. Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas o pued...