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Cañonazos en Colombia

En todo el país, en un número casi incontable de canales nacionales, podían verse los innumerables cañonazos lanzados y el humero creado en medio de los cerros –vaya orgullo- en honor al nuevo presidente de la República; Juan Manuel Santos Calderón. En Cali, en una calle cualquiera de las de esta ciudad alguien parece haberse unido a la celebración, se escuchan estruendos, esos que generan la pregunta que todos mentalmente se hacen ¿Polvora o disparos? Esta vez no se trata de un santista empedernido y embargado de la emoción que decide recrear en su casa el “espectáculo” dado en Bogotá. Se trata de la Policia, no rindiendo honores, sino empuñando y disparando sus armas contra un criminal. Los rumores corren, un ladrón, un sicario, no se sabe. Pasa la moto de la Policia con el susodicho en medio, un rostro ensangrentado desafiante o angustiado, no se sabe. Detrás otras motos, no de oficiales, sino de vecinos y habitantes de una cuadra que hoy tuvo acción y quizá ni si quiera recuerd...

Bienvenida a la inmortalidad

" El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje " José Saramago. En la vida se pasan momentos en La Caverna cegados ante el poder de los medios y las grandes marcas, enfermos como la democracia misma, en un letargo colectivo, y pueden, además, sentirse a veces Las Intermitencias de la muerte, aquella descarada, y acaso, frente al desparpajo de la vida y la poca importancia que le damos, a alguien se le ocurra escribir un Ensayo sobre la ceguera, y quizá, ese descontento, de paso a la esperanza y ahora sea un Ensayo sobre la lucidez el que se haga, intentando impulsarnos, a ser un Levantado del suelo, en esta Tierra de pecado, donde "No se trata sólo de instruir, sino de educar. Y, desde dentro, repercutir en la sociedad”. Todos los nombres se arremolinan en busca de significado, los de un Memorial de convento, o los que podría escribi...

Tengo una convicción, un sueño por cumplir.

Tengo una convicción, unas profundas ganas entre pecho y espalda de expresar mi sentir, el sentir democrático de un muchachito que votará en presidenciales por primera vez, que lee noticias de política con la misma avidez con que, hace no muchos años atrás, veía muñecos en la televisión y jugaba por canicas. Pero el asunto no es nuevo, esto de informarse sobre la realidad nacional, sobre conocer cómo funcionan y como se hacen las cosas es un interés viejo, uno promovido pobremente por nuestra sociedad, donde tan populares se hacen el “no pregunte”,” no hable muy duro porque no sabe quien lo escucha” y “las cosas siempre se han hecho así”, el afán de mejoramiento y la ideas, esas de una Colombia mejor, se ven mutiladas y con sus alas cortadas aun cuando ni si quiera han levantado vuelo. Tal vez por eso y por hastío, por un rechazo tan ampliamente fomentado es que la población colombiana rechaza los temas de política, con la máxima de que” eso es igual si al final todos roban”, resignado...

Del periódico dominguero

Algo así como un año habrá pasado, desde el día en que me sentía indignado por el cambio de imagen del periódico que siempre ha tenido tradición en mi casa, un año desde que en un salón de clase hablábamos sobre lo malo de el cambio de formato, de la mutación y aparente involución que había sufrido El País, un diario caleño por excelencia y que en la capital del Valle le quita lectores a el Tiempo o El espectador, tan bogotanos. Un diseño que se antojaba moderno y colorido, lleno de imagines y lectura fácil, quizá demasiado fácil, banal y sin profundidad, mereciendo ser hojeado y con nada más interesante que los llamativos titulares, así el País había entrado en esa moda detestable de lo ligero de lo "light" en un mundo que cada vez le huye más a lo complejo o a lo medianamente profundo, más en una ciudad que tan mal acostumbrada está a tener aversión por las letras a leer de mala gana y sin gusto. Fue así como desapareció un día La Gaceta y las caricaturas de Quino fueron tr...

El hambre

Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra, borrado sea tu nombre de la faz de la tierra. Tú que arrojaste al círculo del horizonte abierto la alta proa del viking, las lanzas del desierto. En la Torre del Hambre de Ugolino de Pisa tienes tu monumento y en la estrofa concisa que nos deja entrever (sólo entrever) los días últimos y en la sombra que cae las agonías. Tú que de sus pinares haces que surja el lobo y que guiaste la mano de Jean Valjean al robo. Una de tus imágenes es aquel silencioso dios que devora el orbe sin ira y sin reposo, el tiempo. Hay otra diosa de tiniebla y de osambre; su lecho es la vigilia y su pan es el hambre. Tú que a Chatterton diste la muerte en la bohardilla entre los falsos códices y la luna amarilla. Tú que entre el nacimiento del hombre y su agonía pides en la oración el pan de cada día. Tú cuya lenta espada roe generaciones y sobre los testuces lanzas a los leones. Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra, borrado sea tu nombre de la faz de la ...

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, lámparas y la línea de Durero, las nueve cifras y el cambiante cero, debo fingir que existen esas cosas. Debo fingir que en el pasado fueron Persépolis y Roma y que una arena sutil midió la suerte de la almena que los siglos de hierro deshicieron. Debo fingir las armas y la pira de la epopeya y los pesados mares que roen de la tierra los pilares. Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres. Tú, mi desventura y mi ventura, inagotable y pura. Jorge Luis Borges

Ajedrez

I En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en que se odian dos colores. Adentro irradian mágicos rigores las formas: torre homérica, ligero caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores. Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito. En el Oriente se encendió esta guerra cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito. II Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada reina, torre directa y peón ladino sobre lo negro y blanco del camino buscan y libran su batalla armada. No saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada. También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero de negras noches y blancos días. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y ti...